04
nov
2015
embutidos

A diferencia de otros pueblos con tradición migratoria, los gallegos no difundieron su cocina allá donde fueron. La gastronomía del noroeste, a pesar de su calidad, ha sido una gran desconocida fuera del territorio español, un secreto para iniciados. Hasta ahora. Sus productos son cada vez más populares, especialmente en Londres, ciudad que acoge a una diáspora gallega comparable a la de los setenta.

En la capital británica no hay bar que se precie que no ofrezca al menos un Albariño, y el filete de ternera rubia gallega de 14 años causa tanta sensación que la prensa del país se ha apresurado a bautizarla como el nuevo wagyu [buey de origen japonés]. Los dos locales de la capital británica favoritos de los famosos, Chiltern Firehouse y Kitti Fisher’s, la preparan. También es el caso de restaurantes con estrella Michelin como Greenhouse y Kitchen Table. En el hotel y restaurante Chiltern Firehouse, donde hay tortas para reservar, se sirven 50 de estos filetes a la semana. Lo que significa que cada pocos días requieren la carne de 25 vacas maduras.

Londres precisamente ha sido la primera parada de Galician Gourmet Extravaganza, una iniciativa que quiere lograr éxitos similares al de la rubia gallega. Su objetivo es la internacionalización de las delicatessen de a terriña mediante una gira que viajará a Nueva York (del 3 al 6 de marzo), Tokio (abril 2016), además de a Ámsterdam, Shangái, Dubái y Sidney.

En el hotel Meliá Regent’s Park de la capital británica se presentaron más de un centenar de productores artesanos. La oferta englobaba desde alimentos gourmet típicos —pimientos de Padrón, grelos, queso San Simón o vino Ribeiro— a otros menos conocidos como es el caso del jamón de porco celta, los helados ecológicos, el chorizo de calabaza, el agua de mar, las algas o ginebra de ciruela Mirabel. Los puestos de vinos, embutidos y las croquetas artesanas no daban a basto. Paralelamente los chefs lucenses Santi Muiña y Diego López idearon un ingenioso menú degustación con los productos de la feria en el que el pescado se disfraza de carne y para postre hay queimada solidificada.

“El 90% de los productores encontraron clientes para exportar a Reino Unido. Estamos más que satisfechos”, afirma Dosi Cela, coordinador de la iniciativa. Para Cela parte de la razón por la que la gastronomía de la zona no es más visible en el exterior es porque las empresas, generalmente familiares, se muestran reticentes a exportar ya sea por inseguridad o desgana: “Tienen mercado en su entorno y no pretenden ir más allá”, explica el coordinador.

“Por ejemplo, la miel se vende 10 veces más cara en Mónaco pero algunos artesanos me responden que no se les ha perdido nada allí. Nuestro vehículo pretende darles seguridad, ayudar con los viajes y facilitar el papeleo”, explica. Cela anima a que la cocina salga al exterior para que los gallegos, en cambio, se queden en su tierra: “Queremos que las próximas generaciones tengan oportunidad de trabajar aquí sin tener que emigrar, y que se dé a nuestra gastronomía el lugar que se merece”.
El Pais

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