24
set
2014

El Rey Felipe VI ha marcado este miércoles un nuevo hito en la historia moderna de España cuando, casi 30 años después del primer discurso que en 1986 pronunció su padre, el Rey Juan Carlos, ante Naciones Unidas, ha tomado su testigo y ha ofrecido al mundo otra España, un país “renovado”, necesario para defender la democracia y la paz frente a quienes pretender destruir los valores de Naciones Unidas “con la intolerancia, la violencia o el sectarismo”. El Rey ha apostado por un desarrollo económico justo, ha defendido el español como lengua de entendimiento global y ha destacado el inigualable papel que debe jugar España como puente entre África, Europa, el Mediterráneo e Iberoamérica. Por todo ello, ha pedido el apoyo de la Asamblea para conseguir un sitio en el Consejo de Seguridad en el bienio 2015-2016.

El discurso del jefe del Estado, su estreno en el gran foro internacional con todos los líderes mundiales allí con motivo de la 69 Asamblea General, ha alternado el orgullo por la obra política levantada en España en estos últimos 40 años con los retos de un mundo azotado por guerras, crisis económicas, el cambio climático y desafíos como el ébola. Don Juan Carlos apostó en 1986 por una reducción de los arsenales nucleares, denunció el apartheid, condenó el terrorismo (ETA estaban entonces en plena actividad) y abogó por un Gibraltar español. Las prioridades de su hijo en política exterior son otras, como evidenció la ausencia del Peñón en su discurso. Una referencia semejante no habría sido la mejor carta de presentación para el representante de un país que aspira a sentarse en el Consejo de Seguridad, ya que probablemente habría molestado a Reino Unido y, por extensión, habría perjudicado los intereses de España entre los países de influencia británica. El Rey no podía dar la imagen de que España quiere estar en tan privilegiado órgano para reclamar Gibraltar.

“Comparezco para compartir el compromiso de mi país con los principios y valores que mejor definen a la Humanidad. Y tengo hoy el placer de exponerles lo que una España renovada puede ofrecer en favor de la paz, la libertad, la justicia y los derechos humanos”, ha arrancado el Rey desde la tribuna, recibido y despedido con aplausos. Los 40 años de democracia tras la superación de la dictadura franquista son para Don Felipe el mejor aval: “Pronto se cumplirán cuatro décadas de la transición política española, que nos permitió pasar de una dictadura a un sistema político de libertades y derechos. Permítanme reivindicar con orgullo y con emoción esa gran obra política de los españoles, ejemplo para muchos en el mundo. Por tanto, cuenten siempre con el firme compromiso de España para promover y defender los valores democráticos en el mundo”. El Rey habló de una España “diversa en su cultura y en sus lenguas”, atravesada por un espírtu de reconciliación y concordia, un Estado que “ampara a todos los ciudadanos y a los distintos territorios”.

Para esa tarea, Don Felipe ha pasado a destacar la “proyección universal” de España como encrucijada de continentes, mares y civilizaciones. En primer lugar, Europa: “Propugnamos una Europa más unida y cohesionada, que trabaje para garantizar la prosperidad de todos sus ciudadanos, que contribuya, con generosidad y eficacia al progreso en paz de otras regiones del mundo”. En segundo lugar, por historia y por cultura, Iberoamérica, “una comunidad que forma parte sustancial de nuestro sentimiento colectivo de identidad y representa para nosotros una verdadera hermandad”. Después, el Mediterráneo en sus orillas norte y sur. “Afirmamos nuestra voluntad —e interés— por contribuir a la estabilidad de esta región, que sufre en algunas de sus sociedades el azote de una barbarie intolerable; una violencia criminal y atroz que amenaza a todas las sociedades del planeta”, ha proclamado.

El Rey ha ensalzado el compromiso de España con los valores de la Carta de las Naciones Unidas, “uno de los grandes logros de la Humanidad”. Y ha añadido: “Vivimos tiempos marcados por la proliferación de conflictos. Nuestro objetivo ha de ser prevenir las guerras; y cuando no lo consigamos, entonces proteger y asistir a los inocentes y damnificados. No debemos nunca cejar en nuestro empeño de resolverlas mediante la diplomacia y los instrumentos que otorga Naciones Unidas”.

En un momento especial de su intervención, Don Felipe ha recordado que una versión sobre tapiz del Guernica, de Pablo Picasso, flanquea la entrada a la Sala del Consejo de Seguridad. “La escena representada en ese icono del arte todavía conmueve nuestras conciencias; y nos hace recordar las fatales consecuencias de nuestra incapacidad para prevenir y resolver los conflictos. Cuando la barbarie triunfa en algún lugar del mundo nadie está al abrigo de su alcance, todos somos víctimas”. Pero, como ha señalado Don Felipe, “el mal adopta varias formas”. Se ha referido entonces a la violencia que sufren los niños y las mujeres, los enfermos que mueren por no disponer de medicinas, las familias que no pueden alimentar a sus hijos o los periodistas asesinados por cumplir con su deber. “Son otras interpelaciones a nuestra conciencia y a nuestro deber, otras tantas llamadas a la acción”, ha dicho.

Como antesala a la petición que vendría después, el Rey ha recordado a todos los miembros de la Asamblea que “cuentan con España para hacer frente a quienes pretenden destruir —con intolerancia, con violencia o con sectarismo— los valores y principios que constituyen nuestras Naciones Unidas”.

Desde este compromiso, el jefe del Estado ha pedido apoyos para lograr un sitio en el Consejo de Seguridad: “España está dando un paso más adelante como candidata a un puesto no permanente del Consejo de Seguridad para el bienio 2015-2016. Nuestra candidatura se inscribe en un compromiso sólido de servir más y mejor a la comunidad internacional. Como así hemos hecho en el Consejo de Seguridad —una vez cada década— desde hace 40 años, gracias a que ustedes han confiado en nosotros. Solo les pido que renueven esa confianza”. Como avales, el Rey recordó los 130.000 miembros de las Fuerzas Armadas españolas que han participado en operaciones de paz y ayuda humanitaria en los últimos 25 años o los 30.000 millones de dólares con que los españoles han contribuido al desarrollo global.

También en el contexto de las aspiraciones españolas al Consejo de Seguridad, Don Felipe ha dedicado parte de su discurso a África, donde España confía en obtener apoyos decisivos. “Creemos en África y lo demostramos con hechos, también cuando surgen crisis acuciantes como la que hoy representa la devastadora epidemia de ébola. Quiero expresar la solidaridad del pueblo español con las víctimas y nuestro apoyo a quienes hacen todo lo posible por socorrerlas, a veces a costa de su propia vida”.

El español no ha estado ausente en el discurso de Monarca: “La pujanza del español contribuye a garantizar una mayor diversidad cultural y lingüística en el escenario internacional. Por tanto, el español debe asumir su definición formal de idioma oficial en la ONU, como lengua de trabajo y de plena presencia y representación”. La Reina ha seguido el discurso en un lugar a la derecha del Rey, en una zona habilitada para las esposas de los líderes mundiales. Ha estado sentada con la mujer de Ban Ki-moon

El Rey ha concluido con una mirada al pasado pero dirigida al futuro: “Han pasado casi 30 años desde la primera intervención de mi padre el Rey Juan Carlos ante esta Asamblea General. Hoy, como entonces, España se abre a un tiempo nuevo. La Comunidad Internacional podrá seguir contando con España en la defensa de los valores e intereses de una Humanidad en paz, cada vez más próspera y más justa; de unas Naciones Unidas no solo más fuertes sino, además, y sobre todo, más unidas. Más unidas contra el fanatismo, la intolerancia y la barbarie; más unidas para luchar contra la pobreza, la miseria y la marginación; más unidas para que la educación y la sanidad alcancen a todos; más unidas para defender con firmeza la dignidad de todo ser humano”.

El Pais

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